La melodía de fondo seria una canción del otro lado del mundo que jamás has escuchado. Así conservaría un lado misterioso e interesante para recordarte.
Lejos vería tus ojos para evitar sentir esa mirada penetrante como finos cristales que desangrarían mis sentimientos.
Suavemente y sin querer hacerlo me levantaría dejándote mi último aliento sabor a menta y dejaría correr por el camino el olor a desprecio que impregnaste en mí.
Mi vocación innata me llamaba, definitivamente tenia que hacerlo.
Quise aprender más y poner en práctica mis habilidades.
Así que fui con el pintor que llamo mi atención por la forma tan perfecta de plasmar las imágenes en cualquier textura y pintura.
Resulto ser buen pintor pero como maestro…
Mis clases empezaron bien, sus pinturas definitivamente me causaban placer.
Hasta que llego el intento de crear mi primera obra.
Fue cuando empecé a descubrir al verdadero pintor. Sin motivo ni razón se enfado con migo por utilizar el numero de pincel equivocado (cómo iba a saberlo yo, si él nunca lo mencionó), pero decidí obviar esa parte.
Bien “maestro” ahora lo sé.
Pará el mis pinturas nunca fueron lo suficientemente buenas como para reconocerlo, ni mucho menos felicitarme, fue ahí donde empecé a descubrir su ego.
Pasó el tiempo y las clases no mejoraban así que supuse que debía aprender por mi misma de las técnicas que el utilizaba, sin embargo cuando intente hacer lo mismo que el hacia, resultaba que para él era la técnica equivocada y siempre resultaba que yo estaba en error.
En fin, mi “maestro” se convierto en una realidad vacía. Era artista, sí, pero no era un buen maestro; así que decidí tirar todas esas pinturas que en algún momento para mi fueron arte, pero para él solo un intento de querer ser artista.
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